martes, 12 de noviembre de 2019

P E R D I D A


Hace mucho tiempo que no escribo, le echo la culpa a la falta de tiempo, a tener mucho que estudiar, a que hay cosas más importantes, pero en realidad pienso que antes escribía cuando algo me preocupaba tanto que no paraba de darle vueltas y vueltas en la cabeza. Entonces escribía para intentar poner en orden todos esos pensamientos y así liberar un poco la carga. Pero ahora tengo demasiadas cosas en la cabeza y estoy perdida.
Perdida, porque no sé hacia dónde va mi vida. Estudiando algo que no me gusta y dudando de si elegí bien mi profesión, de si valgo para ello. Perdida, porque no dejo de despedirme de los seres a los que quiero, bien porque se tienen que ir bien porque deciden alejarse, o me alejo yo, no sé. Perdida, porque poco a poco he dejado de hacer cosas que me gustaban, ya no coso, ni leo, ni salgo al principio me pesaba, pero ahora ni lo echo de menos. Perdida, y llena de miedo, esperando a que no haya más malas noticias y que la vida me dé una tregua. Perdida, porque no me entiendo, por no parar de contradecirme, quejarme de no tener a nadie a mi lado cuando no hago más que alejarlos, pensar que priorice las cosas importantes y, sin embargo, morirme por las más simples, considerar que estoy echando a perder mi vida y no hacer nada para remediarlo.
Sinceramente creo que me volví a esconder dentro de mi coraza, pero que ahora es más fuerte. Supongo que, porque asumí cosas de la vida que me hicieron daño, que no quería ver, que me cambiaron. Quizás también porque lo que hay fuera de la coraza no me importa tanto como antes. Y porque dentro de ella me siento segura, minimizo los miedos y que lo de fuera no me llena tanto como para arriesgar esa seguridad.
Estoy perdida porque no sé cómo arreglar las cosas, ni siquiera sé si hay algo que arreglar o que simplemente las cosas tengan que ser así. Tengo la sensación de haber madurado mucho y a la vez haber dado una infinidad de pasos hacia atrás. Creo que la inseguridad avanza a pasos agigantados y no se ni puedo pararla, y en el fondo, no sé si quiero, porque forma parte de mí, yo soy así y cada vez tengo más claro que cambiar la forma de ser es difícil, por no decir imposible. Y para mí que la mía no me gusta, ni nunca me ha gustado es un problema bastante grande.