viernes, 19 de junio de 2015

Que haga especiales todos los días de mi vida...

Cuando era pequeña pensaba que el amor era lo que veía en las películas de Disney o lo que escuchaba en los cuentos que me leían. Que solo tenía que esperar a mi príncipe azul. A medida que he ido creciendo me he dado cuenta que el amor ni se espera ni se busca, el amor surge, donde y cuando sea, porque el amor está presente en todas las cosas. En el “buenos días o buenas noches”, un whats app al despertar diciéndote alguna frase cariñosa del tipo “buenos días, princesa” o “ya va siendo hora de despertarse, dormilona” que demuestra que nada más abrir los ojos se ha acordado de ti, en ir andando por la calle y no poder evitar agarrarse de la mano, o del brazo, o de la cintura o que te pase una mano por los hombros, en que no puedas evitar sonreír cada vez que escuchas su nombre, en echarlo de menos cuando solo hace un segundo que no lo ves, en confiar en él cuando sale de fiesta con sus amigos, en que me acompañe a casa, en que tu plan más esperado para la tarde sea ver una peli acurrucados en el sofá, en que el tiempo pase más deprisa cuando estás con él, en que te tiemblen las rodillas cuando se acerca, en que te dé un vuelco al corazón cuando te bese, en que sientas mariposas en el estómago al pensar en él, en que cuando mire a una chica guapa te guiñe un ojo diciendo que él te prefiere a ti, en los abrazos que hacen que te sientas protegida o en los que te consuelan cuando estás mal, en las horas y horas hablando y en que a veces no haga falta decir nada, en que “para siempre” deje de parecer mucho tiempo, en que te sientas cómoda con él, sin miedos ni complejos, en que los silencios no sean incómodos, en que las miradas sean sinceras, en que no exista miedo a decir “te quiero”…

Ahora ya no quiero un príncipe, solo quiero encontrar un buen chico con el que estas cosas salgan sin pensar, y que me quiera tal y como soy…

Por encima de todas, por debajo de ninguna...

Me gustaría tenerte delante ahora mismo, en estos instantes. Mirarte a los ojos y quedarme callada durante un momento, diciéndolo todo sin necesidad de utilizar palabras. Te diría que no te fueras nunca, que te quedaras conmigo siempre. Te haría rabiar y luego te abrazaría muy fuerte, sintiendo que estás ahí de verdad, porque me encanta sentir tus brazos alrededor de mí, me haces sentir fuerte, y cuando estoy contigo me siento especial y no puedo evitar sonreír, porque haces que sienta que de verdad le importo a alguien...

domingo, 14 de junio de 2015

Me siento sola...

Con la llegada de las vacaciones tengo más tiempo para pensar, para aclarar mis pensamientos, para sentirme sola, y he llegado a la conclusión de que estoy harta de esforzarme. De esforzarme para caer bien a la gente. No quiero decir que dejaré de esforzarme, es algo que me sale inconscientemente porque en el fondo entiendo que cualquier persona se canse de mí. Pero sí que últimamente estoy pensando que debo usar mis energías y mi esfuerzo en cosas más útiles que dar pena. Que tengo que dejar de pedir permiso para hablar cuando sé perfectamente que mis preocupaciones no le importan a todo el mundo y es lógico que no las quieran escuchar, además tengo que aprender a no ceder a lo que quieran los demás, si no me apetece no me apetece, también tengo que dejar de intentar caer bien, es algo perdido de ante mano, y de preocuparme en qué pensarán de mí. Pienso que así me irá mejor, aunque siga sintiéndome sola, no me sentiré tonta. Dando todo de mí para que todos se sientan mejor y no recibir lo mismo. Que en el fondo no sé porque pienso todo esto si en realidad no me esfuerzo para recibir nada sino porque esa persona es importante para mí, pero cuando te sientes sola piensas muchas cosas, entre ellas que no debería sentirme sola…

domingo, 7 de junio de 2015

Se acabaron los exámenes.!


Me gusta que pongas las llaves del coche encima de la mesa, que me cojas el tipex o que invadas mi espacio. Me gusta que tanto me expliques los problemas de matemáticas como que me pongas un partido de fútbol en el portátil o hagas algún bailecito. Me gusta verte conducir y que me mires por el retrovisor, compartir una Coca-Cola o unas regalices o recibir un WhatsApp preguntándome si voy al aulario. Me gusta que te quites los cascos para hablar conmigo, que me guiñes un ojo o que mires en el ordenador cosas que no tienen que ver con los exámenes y me las cuentes. Cosas como estas me animaban el estudio y me hacían llevarlo mejor, por eso has sido mi mayor apoyo en este período tan duro de estudios. Nunca sabré como agradecerte lo pendiente que estás de mí, pasando tantas horas a menos de medio metro. Ahora disfrutemos de nuestra deseada libertad que cuando vuelvan los exámenes volveremos a estar el uno al lado del otro…