Hay
veces en las que quieres estar sola con la única compañía de ese horrible
silencio que hace que quieras tirar la toalla. Que te hace pensar que no vales.
Que puedes vivir sin saber lo que pasa en el mundo, en esos momentos lo que
menos te importa es lo que pase. Tienes muchas preguntas a las que buscar
repuestas, que no encuentras o que no quieres saber. No saber nada de nada. Si
te quieren decir algo, si llueve al revés, si el sol sale de noche, si los días
van hacia atrás, si un abrazo te está esperando, si oyes música o si alguien
está pensando en ti… NO. Solo piensas en ti, le das mil vueltas a las cosas y
no les encuentras solución. Lloras. A lo mejor es lo que querías estar sola y
llorar. Porque desearías que nada fuese como es. Y aunque sabes que llorar no
sirve para nada, lo haces, porque te alivia…
Mientras
querrías que el mundo se parase y que te diera tiempo para recuperarte, de
llorar hasta que se desate ese nudo que impide sonreír. Pero el mundo no para
porque te detengas…
Y así aprendes a caerte
y a levantarte en seguida. Porque descubres que el mundo sigue y tu vida
también. Pero no sabes de donde sacar las ganas de seguir. Entonces alguien que
quieres te da un abrazo. Una amiga te escucha. Te cuentan un chiste y vuelves a
reír. Escuchas una canción que te anima. Ves una foto y recuerdas momentos
felices en los que no tenias que fingir una sonrisa y sin darte cuenta sonríes.
Porque la vida tiene sus momentos buenos y malos. Los buenos hay que
disfrutarlos y hay que aprender de los malos. Saber que el mundo sigue siendo
hermoso, que hay infinitas oportunidades esperando ser aprovechadas y que vale la pena sonreír...
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