domingo, 14 de junio de 2015

Me siento sola...

Con la llegada de las vacaciones tengo más tiempo para pensar, para aclarar mis pensamientos, para sentirme sola, y he llegado a la conclusión de que estoy harta de esforzarme. De esforzarme para caer bien a la gente. No quiero decir que dejaré de esforzarme, es algo que me sale inconscientemente porque en el fondo entiendo que cualquier persona se canse de mí. Pero sí que últimamente estoy pensando que debo usar mis energías y mi esfuerzo en cosas más útiles que dar pena. Que tengo que dejar de pedir permiso para hablar cuando sé perfectamente que mis preocupaciones no le importan a todo el mundo y es lógico que no las quieran escuchar, además tengo que aprender a no ceder a lo que quieran los demás, si no me apetece no me apetece, también tengo que dejar de intentar caer bien, es algo perdido de ante mano, y de preocuparme en qué pensarán de mí. Pienso que así me irá mejor, aunque siga sintiéndome sola, no me sentiré tonta. Dando todo de mí para que todos se sientan mejor y no recibir lo mismo. Que en el fondo no sé porque pienso todo esto si en realidad no me esfuerzo para recibir nada sino porque esa persona es importante para mí, pero cuando te sientes sola piensas muchas cosas, entre ellas que no debería sentirme sola…

2 comentarios:

  1. Estar sola, a veces, es un regalo. Sobre todo cuando una empieza a sentirse bien consigo misma.
    Sentirse sola, por el contrario, es una condena. Porque cuando una se siente sola no es por voluntad propia. Y a veces nos sentimos solos sin estarlo, y eso es aún más terrible.
    No tienes que esforzarte en caer bien. A la gente que le gusta como eres, sin más, ya le caes bien. A la que no, no merecen ese esfuerzo.
    Pero que alguien no esté constantemente pendiente de ti no significa que no le caigas bien, o que no te quiera.
    Últimamente he empezado a ver mis virtudes (que falta me hacía), pero no he dejado por ello de ver mis defectos. Sé que no soy la persona más cariñosa del mundo, que a veces puedo ser seca, borde o despreocupada. Que a veces parece que no me entero de nada o que no quiero enterarme, o que simplemente no me interesa. Pero no es así.
    No soy perfecta, nadie lo es y yo, menos que nadie. Pero, aunque a veces creas que no estoy pendiente de ti porque no le doy a las cosas la importancia que tú sientes que tienen, o que soy demasiado dura a la hora de decirte ciertas cosas, es porque te quiero, porque no quiero que cometas errores que yo he cometido hasta la saciedad.
    Pero a veces se me olvida que si soy lo que soy es por haber cometido todos esos errores, porque no hay mejor forma de aprender. Y tú debes cometer los tuyos. Y, a veces, intentando ayudar, corro el riesgo de cortar tu aprendizaje. Y eso es algo que no me perdonaría jamás.
    Pero una cosa te digo: no me importa cuánto te encierres en ti misma, no pienso permitir que te libres de mí en ese encierro. Yo voy a estar aquí, aunque a veces no me veas o me oigas, aunque ni siquiera me sientas. Y no hace falta que vuelvas a pedir permiso para hablar. Si lo necesitas, hazlo. Y si me tienes que despertar a golpe de teléfono, hazlo también. Mientras tú me lo permitas, yo seguiré estando a tu lado.

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  2. Ay Fa, muchas gracias por tus palabras. Pero quiero que te quede claro que no iba por ti. Claro que sé que estás ahí y que cada uno es como es, lo acepto y respeto. Es algo en general, me siento sola y pienso mucho. Me entran dudas e inseguridades y pensé que a lo mejor escribiendo podía aclararme.
    Me alegro mucho de que empieces a ver tus virtudes, espero algún día llegar a ver yo las mías.

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